El olor de la carne cocinándose le recordaba a su madre, cuando freía los filetes mientras todos seguían con el primer plato.
El sonido de la plancha le recordaba a su padre, que se manchaba las gafas de aceite cada vez que se acercaba a la sartén.
Pero el sabor del cilantro le devolvía al presente, a ese agujero de carne, grasa y contaminación que era realmente donde quería estar.
5 comentarios
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados
« Ciencias naturales | Inicio | Nuevo año »
Macho, si ya te has acostumbrado al cilantro, te van a salir unos guiones de la hostia.
Abrazos
Pues cuando vuelvas ya sabes que te espera un homenaje en El Clarete, para que salgas del agujero.
así,a lo tonto que recuerdos...
recuerdo a vainica doble con sus papas con arroz...
a la santonja...
nostalgía -así con acento-
Mente prodigiosa, imaginación desbordante la de quien es capaz de tener esas evocaciones desde el sabor del dichoso cilantro. Más que volver al presente, sería revolver o devolver al presente.
El almagato era la droga singular para Mr. Bisteck.
Se lo auto-administraba diariamente, optando por la suspensión oral o en masticables de 1 gramo en función de su disponibilidad en las calles.
Afortunadamente, una moción popular propició su legalización y Mr. Bisteck disfrutó de una vida tranquila y relativamente feliz.
Nunca sabrá que, de no ser así, habría muerto hace tiempo por una sobredosis de cilantro, sustancia con la que habitualmente se cortaba el almagato.